martes, 30 de agosto de 2016

La vanguardista visión de feminismo y la crítica al sistema carcelario de Sinclair Lewis



La vanguardista visión de feminismo y la crítica
al sistema carcelario de Sinclair Lewis
por Adán Salgado Andrade

Ya me he referido antes a la gran obra literaria de Sinclair Lewis, uno de los escritores estadounidenses más acérrimamente opuestos a los estándares vigentes en sus días, sobre todo en el sentido de que la mayor parte de sus “colegas” escribían obras totalmente asépticas, vanagloriando a su país, sin ninguna o muy poca y velada crítica social. De hecho, al recibir el Premio Nobel de literatura en 1930, declaró que “En Estados Unidos, muchos de nosotros, no sólo los lectores, sino los escritores, aun tememos cualquier literatura que no sea aquélla que sólo busque la glorificación de todo lo estadounidense, una glorificación de nuestras faltas y también de nuestras virtudes. Pero Estados Unidos es uno de los países más contradictorios, depresivos y convulsos de cualquier otra tierra que exista en el mundo hoy día. Nuestros profesores prefieren solamente una literatura que sea clara, fría, pura y terriblemente muerta” light (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2012/06/sinclair-lewis-y-su-acerrima-critica-la.html).
Concretamente me referí ya a su libro Elmer Gantry, cuyo personaje encarna al típico pastor que “abraza” la religión por simple conveniencia material y de poder político y no por entregar su alma y su vida a Dios. Lewis describe perfectamente a un personaje cínico, quien, escudado por su labor “religiosa”, no escatima esfuerzo alguno ni tiene escrúpulos para imponer su voluntad por sobre cualquier persona o situación.
La novela que ahora analizo es Ann Vickers, publicada en 1933, en la edición en inglés de la editorial estadounidense Dell Books, de 1962. Esta novela es considerada por muchos como uno de los trabajos menos exitosos de Lewis, inmerecidamente, por supuesto. Esa idea es probable que haya surgido porque en dicha obra, Lewis retrata la vida de una mujer que luchó contra todo, personas, prejuicios, machismo y más, con tal de desarrollarse plenamente. “Críticos”, en su momento, calificaron la obra de abominable y de que no podía ser leída por espíritus “débiles”, pues incitaba al mal y podía deformar la mente de quien lo hiciera.
Sin embargo, una de las frases de agradecimiento es a la señora Dorothy Thompson, señalando que “su conocimiento y ayuda me hicieron posible escribir sobre Ann”. Thompson, además de ser su esposa, fue también una muy importante periodista, a la que la revista Time de 1939, señaló como la segunda mujer más influyente de Estados Unidos (EU), después de Eleanor Roosevelt. Sus trabajos periodísticos eran muy demandados y leídos, no sólo en dicho país, sino en otros, sobre todo cuando comenzaba a surgir el nazismo, en los primeros años de la década de los 1930’s.
De hecho, Thompson entrevistó a Adolfo Hitler, antes de que estallara la guerra, dando una opinión objetiva de dicho personaje, señalando lo insignificante, acomplejado y peligroso que pudría llegar a ser, como, en efecto, lo fue. Justamente porque Thompson no se quiso retractar de su opinión sobre Hitler, fue expulsada de la Alemania nazi. De todos modos, al regresar a EU, su vida periodística y profesional fue bastante activa, pues además del periodismo, condujo programas radiales, escribió varios libros, así como columnas en muchos periódicos (ver:  https://en.wikipedia.org/wiki/Dorothy_Thompson).
Seguramente fue una gran influencia para Lewis, quien quizá impresionado por todo lo que hacía su esposa, se dio a la tarea de escribir Ann Vickers.   
Y es que la novela realmente parece escrita por una mujer, pues Lewis describe bastante bien los sentimientos de Vickers, sus ideas, sus pasiones, su trato con los hombres, pero, sobre todo, su lucha por reivindicarse, no sólo como mujer, sino como ser humano que persevera por sus convicciones y que busca el verdadero amor. 
Justo por ello fue que causó tanta polémica y escándalo esta obra, porque dignifica y pone muy en alto a una mujer que pelea por su emancipación, a pesar de tener casi todo en su contra, sobre todo la cerrada y conservadora sociedad de la primera mitad del siglo veinte, como veremos.
Comienza por referirse a sus años mozos, en Waubanakee, algún pueblo creado por Lewis, en donde cuenta que ya desde niña, Vickers tenía don de mando, pues cada que se ponían a jugar ella y sus amigos, hombres todos, a Cristóbal Colón, Ann siempre la hacía de aquel personaje, con tal de asumir el mando entre todos. Ya, desde esa edad, Ann se presenta como una adolescente muy orgullosa, pues bastaba que alguien, un hombre, por ejemplo, le hiciera algo, para que aquélla perdiera todo interés en dicho personaje, incluso a pesar de que le gustara, como para tener una relación de noviazgo.
Por otro lado, Ann tenía siempre en muy alta opinión a su padre, el profesor Vickers, ya que dada su orfandad de madre, veía en él todo cuanto necesitaba. Es otro rasgo en el que Lewis se basó en su esposa, pues ésta quedó huérfana de madre a los siete años.
También cuando, pasado el tiempo, vemos a Vickers en la universidad, coincide justo con la vida de Thompson, pues Ann va allí a estudiar sociología, similar a los estudios políticos y sociales que aquélla realizó. Muy convenientemente, Lewis aclara que Ann pudo estudiar gracias a que su padre, quien muere prematuramente (no da más detalles sobre eso, pues es algo que no tiene mayor relevancia), le deja un fondo de mil dólares (mucho dinero para 1910), con el cual, Ann puede estudiar sin trabas económicas la universidad.
En dicho periodo, Lewis muestra a una Ann desenvuelta, curiosa por saber no sólo lo que enseñaban los maestros, sino algo más, buscando amistad con los que le parecían más inteligentes… pero evitando a aquellos maestros que, aprovechando la admiración de Ann hacia ellos, trataban, finalmente de tener alguna aventura sexual con ella. Lewis muestra a una Ann que no cae fácilmente y que, al contrario, cuestiona fuertemente ese típico comportamiento de los hombres, quienes aprovechando alguna notoriedad, terminaban comportándose como simples machos.
De allí, habiendo terminado la universidad, Ann pasa por una etapa de activismo, en donde se une a un grupo de mujeres que claman por el feminismo y que exigen igualdad de derechos con los hombres, como el que pudieran votar, algo que, para ese entonces, era un tema tabú. Por ese activismo es que termina en la cárcel, en donde se la pasa una semana. Son dignas de mencionar las reflexiones que Lewis, a través de su personaje, hace, como, por ejemplo, la crítica tanto a la intolerancia “gubernamental”, así como al activismo dogmático (por ejemplo, los que se decían socialistas, quienes rayaban en la casi total cerrazón de viejas y muy gastadas ideas).
Las condiciones tan deplorables que experimenta Ann en la cárcel durante una semana, la llevan a renunciar a su activismo con las feministas y a buscar nuevos horizontes, los que halla al mudarse a Nueva York, en donde se dedica a atender una casa de beneficencia.
En ese tiempo, tuvo una relación amorosa con un soldado, del que se enamora profundamente y el romance la deja encinta. Es cuando Ann se debe de enfrentar al dilema de ser madre soltera y desafiar a una prejuiciosa sociedad que la juzgaría por tal hecho, de procrear un hijo sin estar casada “propiamente” o arriesgarse a abortar y que se considerara como una “peligrosa criminal”. Sin embargo, gracias a que conoce a un muy humano doctor Wormser, es que resuelve su dilema, pues aquél le practica un aborto de la forma más segura e higiénica posible. Es cuando Lewis, en el pensamiento de Ann, propone una muy interesante reflexión, en la que declara que, practicado el aborto "¡todo estaba resuelto. Muy bien. Y si esto hubiera sido un crimen que todas las respetables naciones condenaran – esas naciones que en ese momento, 1917, durante la primera guerra mundial, mostraban su respetabilidad y su odio hacia el crimen, peleando entre sí con tanques, gas venenoso y fuego líquido –, entonces ella se sentía confundida entre lo que era en verdad crimen y quienes eran realmente los criminales”. Más clara referencia a la hipocresía humana, no pudo haber hecho Lewis.
A pesar de ello, Ann lamenta la pérdida del que hubiera sido su primer hijo, que ella habría deseado con todas sus fuerzas que fuera mujer, y a la que llamó desde entonces Pride, sí, su orgullo, a la que le pide sincero perdón y le promete que en otro momento más adecuado de su existencia la concebirá y le dará la vida que se merece. También es muestra del profundo conocimiento de Lewis sobre la psicología femenina, en cuanto a que la mayoría de las mujeres que, bajo cualquier circunstancia, deben de practicarse un legrado, lo lamentan el resto de sus vidas.
Luego de esa traumática experiencia personal, pasa por ser la asistente de una mujer millonaria, Nancy Benescoten, quien realizaba obras filantrópicas… pero, y es donde sobresale de nuevo la crítica de Lewis, no por realmente ayudar a los más necesitados, sino simplemente por proyectar una muy arreglada imagen de mujer “caritativa” y “bondadosa”. Ann no comprende por qué cuidaba tanto su jefa el seleccionar sólo aquellas obras de caridad que proyectaran bastante y muy convenientemente su imagen, aunque no fueran, realmente, tan importantes, hasta que la adinerada mujer una ocasión le dijo que obra de caridad a la que no acudiera la prensa y saliera en todos los periódicos, no era de su interés, por muy necesitados que estuvieran los solicitantes.
Podríamos pensar, como analogía, en la ayuda filantrópica que se da en la actualidad, como, por ejemplo, la Fundación Bill y Melisa Gates, quienes más que donar, invierten sólo en obras que les rindan una ganancia, no en aquéllas que sólo beneficien a un sector y ya, que no exista nada lucrativo de por medio. Además, esa “filantropía”, resulta muy conveniente para, por ejemplo, deducir impuestos. No por nada es que actualmente, casi cualquier empresa tiene su división “compasiva”, empleando excelentes pretextos para crear una fundación, tales como el combate a la ceguera (como hace la cadena Cinépolis) o la “ayuda” a niños enfermos (como pretende hacer Televisa con su muy publicitado Teletón).
Ann termina por cansarse de trabajar con aquella farsante y se dedica a viajar. Por el alto sueldo que ganó laborando allí, decide visitar Inglaterra. Esto muy probablemente Lewis lo haya retomado de su propia experiencia con Thompson, con quien pasó su luna de miel justamente en Inglaterra.
Ann pensó que estando allí, su vida sería idílica. Sin embargo, la llama a su país su deseo de hacer cosas importantes, darle un sentido útil a su existencia.
Decide regresar a EU y dedicarse a trabajar en las cárceles, hacer labor social, buscar la mejora de las condiciones de los internos. Eso surge de los días que ella misma estuvo en la cárcel una semana, como menciono antes.
Esa parte de la novela es quizá una de las más críticas, pues Lewis, a través de Ann, expresa su desacuerdo con el sistema penitenciario de EU, el que de ninguna manera reformaba (de hecho, en ningún país, realmente, el sistema carcelario busca reinsertar al infractor a la sociedad).
Ann se traslada a Lincoln City, para trabajar como custodia en la cárcel de Copperhead.  Una escena magnífica de la novela es cuando al llegar a dicha ciudad, ella atestigua como el encargado de la seguridad de dicha cárcel, un tal capitán Waldo Dringoole, conduce hacia la prisión a una mujer afroestadounidense de unos cincuenta años, cuyo crimen era el haber matado a su esposo ebrio, al estarla éste, como siempre hacía, golpeando brutalmente. Cuando el capitán les dice a sus subalternos el crimen por el que la mujer era llevada a la cárcel y sería sentenciada a la horca, ésta se jacta de que, en efecto, con una olla mató a ese “desgraciado”. La reacción de aquel “rudo representante de la ley” es descargar un fuerte puñetazo en el estómago a la mujer, que la hace caer del dolor. Al ver que Ann contemplaba estupefacta la escena, le dice, sin más, que esa “perra negra” se lo merecía. Ya, luego, Ann se entera de que ese tipo era el jefe de seguridad de la prisión en donde ella estaría por varios meses. Casi se arrepiente de seguir con su cometido, pero empecinada como era, decide soportar todo lo que vendrá, sobre todo, presenciar de primera mano las condiciones y los tratos tan deplorables que imperaban (y siguen imperando) en la mayoría de las cárceles de EU (y del mundo, por añadidura).
Más tarde, al conversar con el capitán, éste le da una, según él, “cátedra” de criminología, durante la cual le asegura que los criminales sólo entienden por las malas y que no tiene caso estar con contemplaciones, pues “se trata de quebrarlos, de mostrarles que no son ellos mejores que sus cuidadores, sino que éstos son mejores que ellos. Y si hay que ponerles reglas tontas, con tal de que las cumplan, hay que hacerlo, y hay que castigarlos, azotarlos, meterlos en el hoyo (el famoso apando), dejarlos casi sin comer y sin beber, sólo así entenderán quién manda y se reformarán”.
Y esa “filosofía” del trato carcelario hacia los convictos, por desgracia, se sigue aplicando, sobre todo en EU, país que tiene la mayor cantidad de presos en las cárceles, más de dos millones, en proporción al resto del mundo. Claro, hay que señalar que allá, las cárceles son privadas y, por lo mismo, son un excelente negocio. Así que entre más presos tenga una prisión, más van a ganar sus accionistas.
También, Lewis critica la pena de muerte. Ann presencia como es ahorcada la mujer negra que había matado al esposo. Y, lo peor, cuando el párroco de la prisión va, antes de que la ejecuten, para darle el “consuelo divino”, casi lo hace como mero trámite, pero no porque realmente le interesara que esa pobre mujer se congraciara con “Dios”, y es como señala Lewis la hipocresía de la religión (retoma la crítica que hace en la ya mencionada novela de Elmer Gantry). Al ver cómo es colgada la mujer, a pesar de sus súplicas, Ann reflexiona que es una crueldad innecesaria, pues, finalmente, se está asesinando a alguien en nombre de la “legalidad”, lo cual es una contradicción con el asesinato que se está castigando. Absurdo. Pero, como ya señalé, debido a que en las cárceles de EU todo es un negocio, hasta las ejecuciones se cobran, costando, en promedio, alrededor de cincuenta mil dólares. Por ello, entre más prisioneros sean ejecutados, más ganan los accionistas de las cárceles.
A partir de esos inhumanos tratos carcelarios, acompañados, además, de una total insalubridad, Ann reflexiona que un convicto que salga de la cárcel, tras haber sufrido todo lo que es estar en prisión, no va a buscar la manera de reinsertarse, sino que, simplemente, tratará de desquitarse. Es justo lo que explica por qué la mayoría de los ex convictos vuelven a reincidir en la criminalidad, pues la cárcel no reforma, al contrario, como se dice aquí en ese medio, un joven entra por haberse robado un espejo de auto y sale convertido en un inescrupuloso asesino.
Trata de hacer labor en Copperhead, en cuestiones como la salubridad de las instalaciones, manteniendo los baños limpios, lavados con cloro, camas decentes, con colchones fumigados, sábanas lavadas cada semana y cosas que, sobre todo para las mujeres, significaran dignificar en algo su miserable existencia allí, en la sombra.
Además, Ann platica, cuando le es posible, con varias de las internas, las que le explican por qué estaban encerradas y se conmueve cuando una le refiere que está allí por haberse practicado un legrado ella misma, debido a que habría sido imposible que concibiera, dada su pobreza, y que el padre del hijo, varios años menor que aquélla, bajo amenazas legales, tuvo que dejarla, pues se le había advertido que terminaría en la cárcel si seguía empecinado en mantener una elación con esa “mujerzuela, pobre, vulgar y mucho mayor que tú”. Ello le hizo recordar a Ann su propio “crimen”, cuando ella misma se practicó el aborto. Sin embargo, reflexionó que gracias a que había tenido posibilidades de hacerlo discretamente, pudo evitar que se le considerara como una “peligrosa criminal”, como aquella pobre interna.
Las pláticas que Ann sostiene con las presas las van llevando a una profunda reflexión sobre su condición, a grado tal que un día se amotinan. Todos los custodios son agredidos, excepto Ann, pues muchas de las insurrectas reconocen que se ha portado muy bien con ellas.
Por desgracia, el motín es aplastado brutalmente por los machistas custodios – ¡no iban a permitir que un grupo de hembras se indisciplinaran! – a macanazos, patadas y golpes, y cuatro de las presas son internadas en el apando y colgadas de los brazos. Ann logra burlar la vigilancia para entrar a ese terrible sitio y darse cuenta de la forma tan retrógrada y violenta en que son castigadas. Una de ellas muere, la que estaba culpada de haber abortado, y es cuando Ann, poseída de su nato activismo, se dirige hacia las autoridades locales y hasta al mismo gobernador para denunciar la forma en que se trataba y castigaba a las internas en Copperhead.
Pero se topa con un criminal, cómplice burocratismo, que en lugar de escandalizarse por lo que narra Ann, al contrario, se le recrimina su acción. La esposa del alcalde de Lincoln City la reprende severamente y le dice que así debe de ser el trato carcelario, que si no fuera por eso, los presos no se arrepentirían de haber cometido los crímenes que los llevaron allí y que si ella no reconocía tal situación, pues era mejor que se largara. Con eso, Lewis critica duramente a las mafias en el poder, las que sólo buscan su beneficio, su enriquecimiento personal, aun a costa de mantener condiciones de represión y violencia hacia los sometidos ciudadanos, no sólo en las cárceles, sino en el diario existir. Es la dominación mafiosa de los poderes fácticos (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2014/08/la-estructura-mafiosa-de-los-poderes.html).
Las coludidas, mafiosas autoridades, junto con los custodios, terminan fraguando un falso escándalo “sexual” – que Ann había sostenido amoríos con el doctor de la prisión –, para despedirla, lo cual la tiene sin cuidado, pues no habría podido seguir allí.
Algún tiempo después, Ann aparece como la flamante directora de una prisión modelo en Nueva York, descritas las condiciones ideales como deberían de operar las cárceles. Así, las internas tenían su propia celda, sanitario limpio, instalaciones salubres, sala de descanso al aire libre y un cordial ambiente, que a los ojos de Ann, era el mejor para lograr que, de verdad, los internos e internas de las cárceles se reintegraran a la sociedad y no pensaran, como hacían la mayoría, en sólo desquitarse de la sociedad, una vez que cumplieran su sentencia.
Esa etapa de Ann, se presenta como ideal, como una en donde, gracias a su esfuerzo, logra materializar sus ideas de justicia carcelaria y, sobre todo, de emancipación personal.
Se casa con Russell Spaulding, un vendedor estrella, por pura conveniencia, sin realmente amarlo. “Es para tener un esposo y aparentar felicidad”, se dice Ann, pero no es feliz, ni lo considera apto como para embarazarse de él, “pues es demasiado simple, superficial y empalagoso como para tener un hijo con él”, se dice.
Parte de su emancipación es sostener una relación extramarital con un juez, Barney Dolphin, quien cumple sus expectativas del hombre ideal con quien le gustaría procrear de buena gana un hijo. Dolphin es carismático, amable, de buena posición y, a pesar de estar casado y tener dos hijas, ejerce especial atracción en Ann, lo que desata un intenso romance entre ambos, sin inhibiciones, sin barreras. Ann, finalmente, decide embarazarse de aquél, dejar a Russell y adquirir una casa, que aunque deteriorada, piensa arreglar a su gusto.
Mientras eso sucede, no faltan las intrigas, debidas a una interna que sale libre, la que comienza a hablar mal de la “cárcel modelo”, diciendo que la falta de disciplina y la holgura en la aplicación de reglas la llevó a asaltar al siguiente día de haber sido liberada. Eso es empleado por la prensa amarillista y enemigos políticos de Ann para atacarla. Por fortuna, ella tiene la habilidad suficiente para parar el intento de escándalo, deshaciéndose, de paso, de una nefasta empleada de la cárcel, a la que desde hacía tiempo quería despedir. En esta parte de la novela, Lewis analiza bastante bien las intrigas a las que, seamos como seamos, nos vamos a enfrentar durante la vida. Está en la egoísta naturaleza humana ese tipo de comportamientos tan mezquinos (ver:  http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2014/10/la-materialista-individualista-mezquina.html).
Al mismo Dolphin, le urden un complot para acusarlo de corrupto. Él mismo le dice a Ann, para explicarle que se trata de una intriga, “Mira, nunca he aceptado sobornos de nadie, ni de empresas. De lo que me ‘acusan’ fue de haber autorizado a una empresa que hiciera unos trabajos legales, en la que además invertí parte de mi propio dinero, para tener mayor seguridad para mi familia, pero nada ilegal, ni fraudulento. Por desgracia es más duro ser honesto, que ser un delincuente”.
Aquí, Lewis critica que, de repente, para aparentar “justicia”, los mafiosos en el poder se agarren de un chivo expiatorio, que la mayor parte de las veces ignora el “crimen” que se le imputa. Nada más hay que ver cuando hay cambio de mafiosos sexenios en este país, siempre cae alguien, normalmente un personaje que ye resulta prescindible (en el Peñato, fue Elba Esther Gordillo, la mafiosa “líder” de los maestros, la que cayó).
Dolphin es encarcelado y Ann lo visita en prisión, comunicándole la buena nueva de que está embarazada de él y “tendré a nuestro hijo”. Eso lo hace, a pesar de que tenga que presentarse como madre soltera ante esa prejuiciosa sociedad.
Ann da a luz a un hermoso niño… algo que la frustra un poco, pues no fue la tan deseada niña, pero, igual, lo colma de amor.
Finalmente, Dolphin logra demostrar su inocencia y salir de la cárcel. Se encuentra con Ann en la casa de ésta y le promete que dejará a su mujer y hará una vida con ella.
Así, Ann rompe con todo tipo de convencionalismos y prejuiciosas imposiciones, logrando realizarse como mujer y ser humano.
Y esa es quizá la intención de Lewis al haber escrito esa novela, que se le reconozca a la mujer el importante papel que siempre ha jugado en este mundo, a pesar de tanto machismo y misoginia criminal.
Por eso, qué bueno que haya novelas emancipadoras, como Ann Vickers.


     
          

sábado, 9 de julio de 2016

De visita y conversando en la Huasteca Hidalguense



De visita y conversando en la Huasteca Hidalguense
por Adán Salgado Andrade

Huejutla de Reyes, Hidalgo. Después de veintiún años, circunstancias familiares me hacen regresar a este lugar, que hace tiempo rebosaba de recursos naturales, tales como exuberantes bosques, caudalosos ríos, varias especies de animales y vegetales típicos del lugar y otras características que le han dado a esa región hidalguense, conocida como huasteca, una gran riqueza de biodiversidad y equilibrio ecológico, lo cual abarca sólo una pequeña área de la superficie de Hidalgo (de hecho, colinda con las otras tres huastecas, la veracruzana, la potosina y la tamaulipeca).
Por desgracia, son cosas que, ahora que he regresado, constato que se han ido acabando con el avance “civilizador” de este depredador sistema capitalista salvaje.
El traslado hacia el sitio, si no se tiene auto propio, debe de realizarse por medio de una de las dos líneas que monopolizan el transporte de la región, Futura o ADO, a bordo de autobuses que se dicen de “primera”, prometiendo aire acondicionado, asientos numerados y proyección de películas, pero que violan lo que ofrecen, pues, para comenzar, no salen a tiempo (el que tomé, tenía hora de salida a las 14:00 horas, pero lo hizo hasta las 14:35). El aire acondicionado todo el tiempo es necesario, pues en la mayor parte del camino el clima es caluroso, además de que los transportes tienen ventanas selladas, por lo que no hay ventilación y se depende de aquél. Sin embargo, tampoco lo mantienen todo el trayecto (como las unidades no son recientes, alega el conductor que el aire acondicionado quita potencia al motor y aumenta el consumo de combustible). Ni tampoco se respeta el cupo máximo, al ir subiendo pasaje durante el recorrido, por lo que varias personas deben de viajar paradas, con las molestias que ello ocasiona, debido a que la sinuosidad del camino precisa de estarse sujetando todo el tiempo de donde se pueda. Ello evidencia la falta total de respeto de las empresas camioneras a los usuarios –  la mayoría, gente trabajadora, de limitados recursos –, las que, con tal de maximizar sus ganancias, retacan sus unidades, muchas de las cuales carecen de mantenimiento adecuado y tienen ya varios años de servicio, sin importar si causen molestias a los pasajeros o que se descompongan o, peor aun, que puedan sufrir accidentes, graves muchos de ellos. Intenté reportar la demora del autobús, pero cuando me contestaron del número en el que se indica que se debe de hacer la queja, la llamada se “cortó” y no fue posible comunicarme de nuevo. Todos esos problemas se agravan porque no se ve que la gente se queje, sino, al contrario, ya se le nota acostumbrada a tanta molestia y a aceptar tan malos servicios resignadamente. Y si no hay quejas o son muy de vez en cuando, la empresa ni se preocupará por mejorar su malo y hasta peligroso servicio.
El viaje se realiza, la mayor parte del recorrido, por una accidentada y sinuosa carretera que cruza y bordea una montañosa ruta. De allí que, aun en la actualidad y con tramos que han pretendido hacer de cuatro carriles, es un viaje que lleva por lo menos siete horas y media en autobús o unas seis en auto, y eso si no llueve o hay neblina, pues entonces se alarga aun más el recorrido.
De hecho, por las constantes demoras del conductor por retacar el autobús, a pesar de nuestras protestas, alargó el viaje ¡ocho horas y media!, más allá de las “seis” que, mentirosamente, asegura la taquillera que lleva el recorrido.
Así que para pasar lo mejor posible tanta incomodidad, calor, sacudidas… hay que leer o entablar una plática.
Esta la hago con un joven de no más de veinticinco años, con el que intercambio unos minutos de conversación, se llama Anastasio. Lo que Brevemente me refiere, resulta dramático. Resulta que viene de Pachuca, en donde estuvo seis días a las afueras de un hospital, pues no tuvo dinero para pagar un hospedaje adecuado, siendo un humilde campesino, que sólo tiene trabajo tres meses al año, como refiere. “Siembro maíz, pero casi nomás es para mi familia y para mí… casi no vendemos, porque no nos conviene venderlo, lo compran muy barato, mejor nos lo comemos. Y pues trabajo a veces de albañil o de peón… de lo que caiga. Me pagan ochenta o cien pesos, si bien me va, pero nada más trabajo tres meses al año”, dice. Me pregunto ¿cómo sobrevivirán su familia y él el resto del año?
En efecto, su drama es el que viven millones de pobres campesinos en este país, a los cuales, la mafia en el poder sólo presta atención cuando son votaciones y son acarreados o cooptados para que voten por tal o cual mafioso que les prometa que hará esto o aquello por mejorar su mísera vida y sus extremas carencias, pero que ya, una vez elegido, nada cumple y sólo los reprime o hasta asesina, cuando le exigen que haga lo prometido (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2007/12/apertura-total-del-agro-mexicano-al-tlc.html).
Anastasio tuvo que estar al cuidado de su hijo de dos años, al que por vacunarlo descuidadamente en la pierna, como es muy común en los casos de negligencia médica con gente humilde, le provocaron una infección. “Me dijeron que necesitan dos donadores, porque como le han estado poniendo sangre, pues a fuerza se necesitan, pero no sé a quién decirle. Por eso voy de regreso a San Felipe – lugar en donde vive, a una media hora de Huejutla –, para ver si alguien de mi familia quiere donar sangre”, me dice, bastante acongojado. Y es allí donde, al recordar tantas estupideces que dicen los mafiosos en el poder, de todo el “bienestar” que pregonan, de que se “preocupan” por la “salud de los mexicanos”, de todo cuanto presumen que se ha logrado, todo eso ¡se viene abajo!, al escuchar testimonios tan dolorosos, como el de Anastasio, cuyo hijo se debate por sobrevivir de una infección ocasionada por un “descuido” médico y que, a pesar de eso, no recibe la atención adecuada y su padre tuvo que dormir en la calle seis días, a falta de dinero para el alojamiento y, encima, debe de conseguir donadores para que ¡se lo sigan atendiendo! Esa es la “justicia social” que tanto pregona la corrupta, hipócrita, represora, asesina mafia en el poder.     
Sin saber qué decir, más que unas palabras de ánimo, de que “vas a ver que se va a poner bien tu hijo”,  decido contemplar el… ¡devastado paisaje!
Es cuando se compara éste con los recuerdos, que claramente indicaban que en tal sitio abundaban árboles y ahora casas o deforestadas tierras ocupan su lugar. Por ejemplo, los alrededores de Pachuca, antes llenos de bosques, ahora son ocupados por casas, constatándose el anárquico crecimiento que la mayoría de las urbes del país mantienen, sin importar que ese sobrepoblamiento se haga en sitios adecuados y se cuente con las condiciones propicias para dichos asentamientos, tales como agua suficiente, drenaje, electricidad, vías de acceso… y así, siendo, la mayoría, sitios que albergan a pobladores que viven en malas o pésimas condiciones de vida, que se han ido creando como producto de corrupción, cooptación de las mafias políticas, pobreza y necesidad de los que allí se van a vivir, aunque sea en las faldas de un cerro.
Ese es, pues, el “avance incesante” de la supuesta “modernidad”, que se destruyan o deforesten áreas verdes para albergar una nueva tienda de “conveniencia”, un hotel, un carril de carretera adicional, una plaza comercial,  asentamientos irregulares… y así. De hecho, la carretera por la que circulamos, se construyó hace unos cuarenta y dos años, principalmente como vía de acceso para los tractocamiones que transportan el manganeso y el azufre extraídos por la empresa minera Autlán, la que ya lleva unos cincuenta años operando allí y es responsable de mucho del grave daño ecológico provocado en esa región, aledaña al municipio de Xochicoatlán. Según el activista Marco Antonio Moreno, la actividad de esa depredadora minera ha destruido más de doscientas hectáreas de bosques, dañado fauna y flora, además de contaminar severamente ríos y otros cuerpos de agua, con la total complicidad de las mafias estatales y federales, como ya es sabido (ver:  http://www.jornada.unam.mx/2015/08/07/estados/031n1est).
Así que si sólo una empresa ha ocasionado tanto daño, imaginemos todo lo que han provocado la anárquica urbanización, “ampliación” de carreteras (sólo en tramos, lo que, realmente, no justifica tanto daño), deforestación por la tala clandestina inmoderada, sembradíos en plenas zonas boscosas (a falta de políticas adecuadas de la mafia en el poder por apoyar al campo y de tierras, muchos campesinos talan árboles de zonas boscosas para sembrar, con lo cual aceleran ellos mismos la destrucción de su entorno), contaminación, incendios forestales… por ello es que, contemplo con gran tristeza, lo que el paso de los años ha ido ocasionando en tan rica zona, la que se considera que ha perdido más del 90% de su flora nativa y, ni se diga, de su fauna.
Existen muy pocos estudios de los enormes daños causados a esa región, pero uno realizado en el 2008, muestra que, en efecto, los ocasionados a fauna, flora, suelos aguas y recursos de la huasteca hidalguense son graves o muy graves, y todo con la complicidad y beneplácito de las mafias en el poder estatales y federales, corresponsables de tal ecocidio (ver: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-49992010000300006).
Y luego de haber pasado tantos inconvenientes en el transporte, de haber presenciado toda esa destrucción, deforestación y tantas infamias, llego en medio de una tormenta, finalmente, a Huejutla, pasadas las diez de la noche. A pesar de la intensa lluvia, se siente calor, como si se estuviera dentro de un baño de vapor.
Como voy hasta Huautla, municipio distante unos treinta kilómetros, aún debo de tomar un taxi, que, por fortuna, todavía encuentro a uno haciendo base, con el que acuerdo un precio de doscientos cincuenta pesos, casi cuatro días de salario mínimo (imposible viajar si se percibe sólo ese sueldo de hambre). Es muy caro el transporte público en ese estado – en general, en todo el país es caro, montando más de la tercera parte de los ingresos mensuales de las familias trabajadoras –, en donde más del setenta por ciento de la población vive en la pobreza, igual que en el resto del país.
Hago la plática con el conductor. Se llama Ricardo y, según él, no había llovido hacía más de un año. “¡Usted trajo la lluvia!”, exclama, contento de algún modo, pues explica que por la sequía “y vaya usted a saber por qué otras cosas”, tenía más de un año sin llover. “Fíjese, aquí, antes, no pasaban de los treinta y dos o, póngale, cuarenta grados, cuando mucho, de calor, pero en este año hemos tenido ¡hasta cincuenta grados de temperatura! No se aguanta, de verdad, nada más está tome y tome agua. Yo, un día, me tomé, sin exagerarle, quince litros de agua, porque, de verdad que me estaba deshidratando”. En efecto, por mis propios recuerdos de hace muchos años, me consta que aunque siempre ha sido Huejutla un sitio caluroso, no llegaba a los niveles a los que Ricardo narra.
De acuerdo con testimonios que más tarde me dieron familiares que también viven en Huejutla, “sin clima – aire acondicionado –, no es posible vivir”. Me contaron que el aire acondicionado procuran usarlo sólo en las noches, para que puedan dormir, porque, en efecto, el calor que sentí en esos momentos es bastante, a pesar de la lluvia y de ser ya de noche. Aun así, la cuenta que ellos, en particular, pagan, es de mil quinientos pesos bimestrales, lo que evidencia lo cara que es ya la electricidad en este país, en donde CFE produce ya menos del cincuenta por ciento de lo que requerimos y el resto lo generan productores privados, españoles la mayoría, bastante caro. Me pregunto, entonces, ¿cuánto pagarán los que usen todo el tiempo aire acondicionado? Y ni imaginar cómo puedan vivir las personas que no tienen ingresos suficientes par asumir ese gasto. ¡Seguramente estarán mojándose a cada rato!
También me platicó sobre las recientes elecciones, que hay agitación social porque en ese municipio ganó Encuentro Social, a pesar de que la mafia priísta, con sus corruptas triquiñuelas, obtuvo la gubernatura en el estado. Revisando los resultados electorales, veo que, en efecto, Encuentro Social superó por más de 4600 votos al PRI, aunque sólo votaron 57.11% de los ciudadanos (ver: http://www.ieehidalgo.org.mx/images/PDF/Laminas_ayuntamientos.pdf).
Así que para el hampón Omar Fayad, el “gobernador electo” fue humillante y por eso sus esbirros y grupos de choque han tratado de boicotear dicha victoria.
Dice Ricardo que las hordas priístas de ese municipio están agrediendo en muchos lugares a la gente y que por eso ha habido problemas, que hacen retenes y han golpeado a varios. “¡Uy, esos tipos se enojaron mucho!”, exclama. Explica que los Fayad mantienen un feudo en Huejutla y, en general, en Hidalgo. “Fíjese, antes, tenían matones a sueldo, que, por puro gusto, a la gente, la arrastraban con caballos o con carros y la mataban. Mucha de las tiendas grandes son de ellos, bodegas, todo… no han dejado que entre nadie aquí, ni plazas, ni cines”. Dice que, por ejemplo, se han querido establecer allí tiendas de autoservicio como Walmart u Oxxo’s, pero que no los han permitido. Podría pensarse que eso es bueno, que no hayan dejado al monopolio Walmart establecer allí sus monopolios, pero no lo han hecho en beneficio de la gente – por tantos problemas que ocasionan esas tiendas, como el acaparamiento del comercio o la desaparición de empleos –, sino que para que sus propios negocios sigan manteniendo el control que hasta ahora han tenido. Nada loable, pues. “Han querido construir varias plazas y cines, pero no los han dejado. Vaya, ni el mercado han dejado que se amplíe, y eso que viene mucha gente de muchos lugares, de Pachuca, de Tamoyón, de las comunidades, pero no dejan”. Ni cines menciona que han permitido y el único que existe es “uno muy viejo y feo, que casi nunca está abierto”.
Se refleja todo eso que dice Ricardo en el sentido de que Huejutla no parece propiamente una ciudad, sino una especie de “pueblote”, que ha crecido anárquicamente. Se le ha mantenido en una especie de ruralidad para favorecer los muy mezquinos intereses de los Fayad y compinches. “Mire, allí había montes, muchos árboles – me señala un sitio a la derecha de donde circulamos –, pero los han cortado para poner casas… ya hay muchas casas, pero humildes… porque la gente se viene a vivir en donde puede, son priístas y nada más los usan, por eso les permiten que vengan a vivir así, aunque estén tan mal”, declara. Claro, son la carne de cañón, que tanto requieren los mafiosos en el poder, reflexiono.
Ya, metido en la conversación, platica sus anécdotas. Dice que tiene poco que regresó a Huejutla, pues se fue casi 18 años a trabajar a Reynosa, Matamoros, Altamira y terminó en Tampico. En este lugar, trabajaba con una persona que tenia una empresa de fabricación y distribución de artículos plásticos, pero que al dueño, como ya es común en este país de mafiosos en el poder y criminales coludidos, le cobraban cuotas delincuentes locales, y que por más que trató de cambiar su lugar de operaciones, nunca logró que lo dejaran en paz, hasta que le mataron a cinco empleados y le robaron, por lo que tuvo que dejar el giro (véase hasta dónde estamos de desprotegidos los ciudadanos comunes ante los hampones de la calle y del poder que controlan este país).
Casi quedó en la ruina. A Ricardo, medio lo liquidó, le dio 45 mil pesos, pues le dijo que ya no podía más y cerró. Aquél, se tuvo que regresar a Huejutla.
También tenia allá un taxi que manejaba por las tardes y que gracias a eso, sacaba un poco de más dinero. Dice que su esposa era de descendencia cubana. “De verdad que tiene un cuerpazo y está bien bonita”, exclama orgulloso. Concibió dos hijos con ella. “Uno ya tiene catorce años y el otro, doce”, dice, pero que “como me puso el cuerno, pues ya no regreso con ella”, se lamenta.
Agrega que en ese tiempo que estuvo en Tampico, hace unos diez años, había muchísima violencia, por los constantes “ajustes de cuentas” entre bandas rivales y la corrupción policial, que nada hacía al respecto y, al contrario, se aliaba con el mejor postor. Por lo mismo, casi a diario había muchos muertos. “Sí, luego amanecían estudiantes universitarios asesinados, en fila, acomodaditos, y con el tiro de gracia o policías muertos, colgados, mujeres policías con los senos cercenados, gente decapitada, tirada en la calle… y así, todo por el control de la droga”, describe muy explícitamente. Tenía como clientes de su taxi a chinos, coreanos, sobre todo a coreanos, que le pedían que los llevara con sexoservidoras y que eran muy espléndidos. Refiere que unos de ellos establecieron una fabrica de piezas automotrices, pero que no se explica como es que a ellos no los molestaban los mafiosos, de lo que, especulamos, que quizá haya sido porque no se querían meter aquéllos en problemas internacionales, pues habría implicado inmiscuirse con extranjeros y quizá, entonces sí, la mafia en el poder local los habría metido en cintura. “Puede que sí”, dice, pensativo.
Comenta que una ocasión que recogió a un hombre, se acercaron varios matones en una camioneta y, sin más, rafaguearon a aquél y quedó muerto, colgando de la puerta, la que dejó toda ensangrentada. Aterrado como estaba Ricardo, todavía uno de los matones se le acercó, diciéndole “Tú no has visto nada, compa, así que jálate”. Ricardo se fue del lugar, espantadísimo, guardó el taxi, lavó la sangre y esperó unos días a que se le pasara la impresión. “Pero ya Tampico está más tranquilo porque ahora vigila la marina y no son tan corruptos como los policías, ¿me entiende?, como que mantienen controlada a la delincuencia”, dice. Le pregunto que si hay muchos robos o secuestros allí en Huejutla y me dice que no muchos. “Cómo le diré, sí hay delincuencia, pero la tienen controlada, ¿no?, con que pague sus mordidas o no se meta con cierta gente, pues los dejan”, declara. Esto habría que entenderlo en el sentido de que se establecen zonas de control entre los grupos delictivos, asociados con los mafiosos en el poder y que mientras no se “rompan” tales compromisos, todos felices y tranquilos (algo detestable y cínico, que se ha dicho mucho, de que la mafia priísta mantenía la paz social porque respetaba los pactos que tenía establecidos con los distintos cárteles de la droga, a los que mantenía tranquilos en sus respectivos territorios, como lo que en su momento hizo el capo Lucky Luciano. Ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2014/08/la-estructura-mafiosa-de-los-poderes.html).
Llegamos por fin a Huautla. También está lloviendo. La plaza principal está ocupada por la feria, así que no podemos avanzar mucho, por los puestos y los juegos que hay instalados. Bajo del auto y camino hacia el domicilio de mis parientes, notando algunos cambios hechos en el lugar, como la pavimentación de todas las calles, así como obras suntuarias, superfluas, tales como haber cubierto casi todo el parque con un gigantesco techo de lámina, nada estético, para que sirva como una especie de auditorio, pero que muy probablemente, el munícipe que lo haya ordenado construir pensó más en la fastuosidad, con tal de justificar el enorme gasto que debió de haber tenido tal obra, más que la cuestión estética o, incluso, ecológica, pues en el sitio no existen más los árboles que antes estaban allí. El quiosco, a su vez, está digamos que ampliado con un techo hecho de ladrillo, algo más estético que el feo, metálico galerón al que me referí antes. Repito, parecen obras inconexas, hechas por distintas mafiosas administraciones, con tal de justificar los altos costos que debieron de haber tenido.  
Llego por fin a la casa de mis parientes. Allí, paso una velada en la fiesta familiar por la cual acudí al lugar.
Por fortuna, llovió toda la noche, por lo que la temperatura al día siguiente es agradable.
Al otro día, hago un recorrido para ver los ”cambios” hechos en ese municipio, cuyo nombre significa lugar de las águilas, las que, por desgracia, ya no se ven por ningún lado. Como dije antes, se aprecia la destrucción que ha sufrido el medio ambiente del lugar. Más y más casas han ocupado áreas boscosas. El pavimento también ha cubierto zonas de jardines.
Como señalé, las nuevas obras “publicas” que se han hecho, no han seguido un patrón uniforme, estético, sino que claramente se ven construidas al capricho de quien las ordenó. Por la feria y el tradicional tianguis que se sigue colocando los domingos, al final del día, abundan los montones de basura, otro símbolo del “progreso” de este sistema capitalista salvaje que todo lo degrada, lo ensucia, en aras del “avance”.
En resumen, lo que noto no es un crecimiento armonioso, parejo, sino anárquico, de obras suntuarias, como un bulevar por aquí o un galerón por allá, pero que no responden precisamente a un plan integral que haya buscado realmente el desarrollo del municipio.
Y no hay mucho qué hacer en Huautla, pues existen pocas fuentes de trabajo, debiendo mucha de la gente emigrar a sitios como Huejutla o el más alejado Pachuca. La mayoría de mis parientes han sido o son maestros, que es una de las profesiones más abundantes del lugar. Ya varios se han jubilado y han tratado de dedicarse a otra cosa, debido a lo magro de sus pensiones, y han abierto algún restaurante o alguna tienda.
Y justamente lo que abundan son los giros comerciales, como las tiendas, casi una al lado de la otra, fondas, puestos de dulces y así, lo que evidencia que cada quien se las ha arreglado como ha podido.   
Pero, fuera de eso, del crecimiento anárquico del pueblo, las condiciones de miseria prevalecen. Se ve en la gente que acude al tianguis a tratar de vender sus mercancías, como maíz, frijol, piloncillo… y así. Son campesinos, hombres, mujeres, de las comunidades vecinas, que tratan, de ese modo, de obtener un ingreso extra. Son a los que despectivamente se han referido como los “que no son de razón”, racista resabio de la herencia colonial maldita y que, por desgracia, aun prevalece, a pesar de los años. Eso no ha cambiado desde que tengo memoria.
Es lo que, justamente, evidencia el desigual “desarrollo” de la región, si así se le puede llamar, la que cada vez empobrece más y más, se depredan sus recursos, se agotan sus tierras, se cortan sus bosques, se contaminan sus aguas… y los beneficios de tal depredación, de tal destrucción, son para unas cuantas mafiosas empresas extractivas o grupos de poder, pero no para la gente, cada vez más hundida en la miseria y en las crecientes carencias.
Eso es, pues, lo que luego de tantos años, hallé en la Huasteca Hidalguense, una zona antes rica en recursos, que se ha ido depredando aceleradamente, como sucede en todo este secuestrado país, en donde prevalecen los intereses de las mafias políticas y empresariales, las menos interesadas en que la riqueza ecológica y el bienestar social se preserven.
Sí, muy triste lo que vine a ver.

Contacto: studillac@hotmail.com