miércoles, 21 de noviembre de 2007

¡Bienvenidos a Arabialandia!

¡Bienvenidos a Arabialandia!

por Adán Salgado Andrade*


La infraestructura militar estadounidense se distingue por la constante búsqueda de adelantos científicos cuya primera aplicación sea, justamente, en la concepción y diseño de armas. El Pentágono no escatima esfuerzos económicos ni recursos políticos con tal de que los científicos e ingenieros de su país contribuyan en algo para engrandecer la maquinaria de matar de la que tanto se enorgullece aquél. Presumen los halcones del Pentágono de poseer armamentos y ejércitos que superan en ¡diez veces a todas las fuerzas militares del mundo reunidas! Claro, con un presupuesto militar cercano a los $600,000 millones de dólares anuales (un 85% del PIB mexicano), destinados tanto para investigación científica militar, compra de armamentos, sostenimiento de los soldados y mandos superiores, puede jactarse ese “instituto armado” de poseer tanto poder. Por ejemplo, a través de la agencia DARPA (Agencia para proyectos de investigación avanzada para la defensa), que es nada menos que una promotora de tecnologías de la muerte, destina más de 2000 millones de dólares anualmente para “fomentar la creatividad” de compañías y científicos que diseñen armas o dispositivos que contribuyan a destruir y matar más eficientemente. Un caso lo tenemos en el campo de la robótica, para el cual cada año hay un “concurso” (exclusivo de “científicos” de Estados Unidos) para promover la invención de un vehículo robot autónomo terrestre, que sea capaz de autodirigirse bajo cualquier condición, terreno o clima, que pueda transportar armas y que cuente con gran letalidad, es decir, pueda matar a muchos soldados enemigos. La DARPA “justifica” el proyecto diciendo que así habría menos bajas de soldados estadounidenses o que las labores de espionaje serían más “sencillas”, tal y como sucede con los aviones robots, los Predators, que ya se emplean en la frontera México-EU, para detectar “peligrosos indocumentados mexicanos”. El “premio” era de un millón de dólares, el cual luego se elevó a 2 millones de dólares, los cuales, por fin, gracias al ingenio de un ingeniero alemán, naturalizado estadounidense, Sebastian Thrun, quien patrocinado nada menos que por la automotriz VW, la que le dio tres vehículos Touareg (quizá también para hacerles publicidad y mostrar lo rudos que son), junto con su equipo técnico, ganó finalmente el concurso con un vehículo que “convenció” a los halcones del Pentágono que podría ser el próximo Predator terrestre. Ya podemos imaginarnos en un futuro a los ilegales en la frontera estadounidense “cazados” por esos vehículos robots y asesinados sin miramientos al primer movimiento sospechoso que aquéllos hicieran, detectado por los ultrasensibles detectores de esas máquinas asesinas.
Otro “creativo concurso” – y esto pareciera más de ciencia ficción que de realidad – es el que promueve la invención de un “exotraje”, una especie de armadura robotizada que puedan emplear los “soldados del futuro”, para convertirse en una suerte de indestructibles “gladiadores militares”, que soporten pesadas cargas, disparos y hasta bombazos. Por fortuna, hasta ahora, ningún “científico” ha ganado en la categoría de “exoesqueletos militares”.
Otro de los “ingenios militares” debido a la DARPA es el “radarscopio”, un aparato de pequeño tamaño, que funciona a base de económicas pilas “AA”, pero capaz de detectar hasta el más leve movimiento de un hombre, como su respiración, que esté escondido tras muros de concreto o tabique de hasta 30 centímetros de espesor. Y se espera emplearlo, nada menos que en Irak, en donde los “peligrosos terroristas” pueden acechar tras las paredes de la infinidad de ruinosos edificios que ha dejado la invasión militar anglo-estadounidense, aparte del caos, la violencia y la miseria en esa ultrajada nación.
También la DARPA está incentivando ramas médicas como la biotecnología para (no es broma), buscar medios que permitan la regeneración de miembros mutilados de los soldados durante las batallas, así como pueden hacer naturalmente las salamandras. Los directivos de DARPA sueñan con el día en que los hombres heridos, en lugar de ir al hospital, tomen una “pastillita” que les regenere, ipso facto, un, digamos, pie destrozado por mortero, un brazo arrancado por una bomba y así… Estiman que el “ahorro” en el gasto en atención a los heridos sería enorme (hasta con eso, la atención médica, se buscan optimizar recursos), más del 90% de lo que se eroga actualmente por hospitalización y medicamentos. Y a propósito de este campo, el de la “medicina”, también, otra institución, el Instituto de Patología de la Fuerzas Armadas, está experimentando con el virus de la influenza, y uno de sus “éticos científicos”, el señor Jeffery Taubenberger, felizmente logró aislar la más letal de sus cepas, la que asoló al mundo en 1918 y que mató a 40 millones de personas, con la que puedan, por supuesto, fabricarse mortales armas biológicas.
Todo, hasta el chillido de un bebé, convenientemente digitalizado y aumentado, puede matar. Es el ruido empleado en otro de los “grandes” proyectos auspiciados por DARPA, en las llamadas “balas sónicas”, ingenios capaces de, al menos, inmovilizar al soldado enemigo a quien se le “disparen” estos proyectiles de lloriqueos de bebés remasterizados, pues le provocarían el equivalente a una intensa migraña que le haría “perder la cabeza” de dolor.
Y también para el centro del “entretenimiento mundial” tiene presupuesto el Pentágono a través de la DARPA. Hay un proyecto conjunto, nada menos que con la meca del cine, Hollywood –participan nombres tales como Paramount, Disney, Industrial Light & Magic, pues ahora hasta los grandes estudios le están entrando al lucrativo negocio de la muerte–, y los softweristas de Silicon Valley –en este caso, se trata de compañías tales como Pixar, Intel, Pandemic studios, que también están ganando buenos millones de dólares–, coordinados por el Departamento de defensa, que dio a luz un eficaz “cuarto de guerra”, singular ingenio que combina pantallas gigantes, videojuegos y realidad virtual para “entrenar” a los futuros soldados en forma más efectiva y, lo mejor de todo, barata. Bajo el nombre de Instituto de Tecnologías Creativas (vaya nombre tan irónico, como si matar fuera creativo), el “cuarto de guerra” puede reproducir, al decir de sus creadores, situaciones tan realistas, como si los soldados entrenándose estuvieran, por ejemplo, en Irak, reproduciendo a enemigos virtuales que incluso hablaran en su lengua nativa. La “creativa” experiencia se realiza a bordo de un vehículo militar Humvee auténtico, al que se le han colocado sensores y dispositivos de todo tipo, de tal manera que se recree tanto la sensación de estar recorriendo tierras enemigas, como, si es el caso, el que los soldados entrenados cometan un error y sean “destruidos” virtualmente por un misil enemigo. Además, se ahorra mucho dinero. Por ejemplo, para capacitar a 13,500 hombres en campos reales de entrenamiento militar sólo durante tres semanas, se requieren 250 millones de dólares. En cambio, en los cinco años que lleva funcionando este “creativo” entrenador militar virtual, se han “capacitado” más o menos a igual número de hombres y “sólo” se han gastado 45 millones de dólares, un “gran” ahorro, al decir de sus creadores y coordinadores.
Y quizá porque la “guerra virtual” no resulta tan realista, tanto en los peligros in situ que acechan a los soldados, como en los muertos verdaderos, el Pentágono se decidió a crear lo que yo llamaría un parque de diversiones bélico, con sets que reproducen poblados árabes, con habitantes y todo, para que el entrenamiento de sus mariners sea lo más cercano posible a lo que se encontraran en la siguiente invasión a algún otro país árabe, aparte de Afganistán e Irak, por supuesto.
En el Joint Readiness Training Center (Centro de entrenamiento para el alistamiento conjunto) que forma parte del fuerte militar Polk (Fort Polk), ubicado en los bosques del estado de Luisiana, allí, en una superficie de alrededor de 40,000 hectáreas está, digamos que “perfectamente” simulado, el Medio Oriente, como dije, con detalles tales como casas, escuelas, mezquitas, plazas, hospitales... ¡hasta árabes reales han contratado con tal de darle el mayor realismo posible al lugar. Pueden “simularse” explosiones de edificios de todo tipo (sí, porque durante la guerra las llamadas bombas “inteligentes” se equivocaban, destruyendo a hospitales en lugar de a bunkers militares), gasolineras, “autos bomba”, “humo”... incluso hay “heridos y muertos”, además de que los “paramédicos” pueden implementar “primeros auxilios” en maniquíes de ¡70,000 dólares!, los cuales, merced a su altísimo costo (no podía ser menos, pues), pueden “sangrar”, “respirar”, “pestañear” e, incluso, esos humanoides ingenios pueden “reproducir” cinco tipos distintos de gruñidos intestinales, así como los que han de sufrir los heridos provocados por la violencia existente en Irak, tanto por los ataques militares invasores, como por los atentados suicidas, cortesía de la invasión anglo-estadounidense.
Todos los años ese “parque bélico” es un sito obligado al que asisten 44,000 soldados del ejército y de la Guardia Nacional que serán enviados nada menos que a Afganistán y a Irak. Y allí, un total de 1200 “civiles árabes”, entre imanes, periodistas, autoridades “iraquíes”, trabajadores humanitarios y “ordinarios civiles” – éstos, por supuesto, mezcla de chiítas, sunitas y kurdos, tal como sucede en el invadido Irak – constituyen la “masa árabe” entre la que los soldados que entrenen deben desenvolverse o, incluso, matar si fuera necesario, con tal de que dicho entrenamiento se “aproxime” lo más posible a las condiciones iraquíes. Por supuesto que lo de “matar”, eso sí, es de a “mentiritas”. Los “tiroteos” se hacen mediante rifles o metralletas modificados que funcionan a base de emisiones láser que le “atinan” a unos “detectores de disparos” que todos, “amigos y enemigos”, llevan en sus chalecos, identificados con un número, el del portador, los cuales indican que a alguien ya lo “mataron” y queda fuera de acción. Esos teatrales “ejercicios bélicos” supuestamente indicarán cuál fue la falla cometida o los errores estratégicos para corregir tales faltas. Los “enemigos árabes y terroristas”, en parte son protagonizados por soldados del batallón 509 de la infantería aérea, pero muchos de ellos están personificados por verdaderos iraquíes, a quienes se les da “trabajo” como “extras”. Aquí sorprende la volubilidad estadounidense, pues por un lado, se ha estigmatizado a todo aquél que parezca árabe, a quien inmediatamente se le coloca la etiqueta de “terrorista”, pero en el caso de los árabes contratados, entre más parezcan justamente eso, terroristas, más posibilidades tienen de que los contraten, aunque con ello lo único que logren, además de su salario, sea una acentuación de la negativa opinión que contra ellos se tiene. Estas personas perciben $220 dólares por día trabajado, que para muchos es “buen sueldo”, mejor que emplearse en una cadena de comida barata, en donde cuando mucho ganarían unos ochenta dólares. Los que laboran como “terroristas árabes”, encabezados por los mencionados soldados del 509avo batallón, deben “planear” ataques y emboscadas a los soldados entrenándose, todo ello en completa libertad, para darle más verosimilitud a todo el teatro bélico. Claro que todo este muy buen negocio de contratar “actores” y coordinar las “guerritas” cuesta dinero y bastante: más o menos 3 millones de dólares semanales. La empresa que se encarga de todo eso, llamada Cubic, establecida en San Diego, contrata a los “actores” y proporciona los equipos electrónicos que, como dije, señalarán quién se murió y cuál fue su error. Esta empresa, por cierto, proporciona servicios similares a países ¡nada menos que como Brasil, Croacia! y, por supuesto, Gran Bretaña, aliado natural en el aventurerismo bélico de los EU. ¿Será acaso que pretendan ser los nuevos cruzados, quienes junto con los EU, estén dispuestos a enfrentar una nueva amenaza islámica?
Según el Pentágono ha sido “tan buena la simulación” que ya están haciendo más “arabialandias” en California, en Fort Irwin. Incluso el cuerpo de mariners está haciéndose su propio “parque bélico” en el sur de California.
Sí, es vital ese tipo de entrenamientos “realistas”, pues según declara un funcionario militar, Russell Glenn, “nuestros soldados no sólo van a derrotar a un ejército, sino que van a ocupar una tierra extraña, lo cual requiere de nuevas habilidades, tales como mantener bloqueado un camino, sin matar a nadie, o ingeniárselas para saber en quién confiar en caso de existir batallas locales en el sitio invadido. Sí, nunca vamos a ganar matando a todos los insurgentes, tenemos que ganarnos la confianza de la población invadida” (el subrayado es mío). Pues vaya cínica declaración ésta, la de que EU seguirá invadiendo países, cueste lo que cueste. Claro, lo de derrotar a los ejércitos de los países árabes invadidos, parecería lo más fácil (aunque habría que ver si eso sería tan fácil al invadir, por ejemplo, Irán, cuyo ejército, al parecer, está mejor entrenado que el que en su momento poseyó Saddam Hussein), sin embargo, la invasión, propiamente dicha, si va a ser como la iraquí, en donde están peor las cosas que cuando Hussein gobernaba... Bueno, quizá por eso desean de “todo corazón” los halcones del Pentágono que “Arabialandia” funcione con tal de que sus soldados se “ganen” a los pobladores árabes invadidos. Pero esta peregrina expectativa resulta absurda de considerarse, pues por el hecho mismo, por ejemplo, de la violencia iraquí, con atentados casi todos los días, no parece previsible entonces, como así lo es, que los iraquíes vean con buenos ojos a los soldados invasores, causantes, justamente, de la fatal violencia, que sólo en el presente año ¡ha ocasionado más de 14,000 muertos civiles (según el primer ministro iraquí Maliki, un promedio de 100 muertos civiles se producen diariamente, además de que 30,359 familias, unas 182,000 personas, han abandonado sus hogares a causa de la violencia sectaria y la intimidación), sobre todo por los atentados suicidas! Lo que sí resulta bastante claro es que aunque sigan matando a todos los insurgentes iraquíes (dudo que los maten a todos pues si la mayor parte de la población está en contra de la invasión anglo-estadounidense, entonces todos pueden considerarse insurgentes, aunque sea ideológicamente), no ganarán la guerra. Así sucedió, para desgracia de EU, en Vietnam, en donde incluso a pesar de los infames ataques con agentes químicos como el NAPALM, gas adormecedor y el fósforo blanco, y los millones de dólares en soldados y armamento convencional, su ejército no pudo derrotar al Vietcong, la facción comunista perteneciente a Vietnam del norte que combatió a Vietnam del sur, aliado justamente de EU. De hecho, podríamos decir que Irak se está vietnamizando, o sea, se está produciendo una escalada de anárquica, aleatoria violencia que ni las mismas fuerzas invasoras pueden ya controlar. Y es que está resultando tan complicada y costosa la invasión (más de $305,000 millones de dólares), además de soldados muertos (más de 2,700 desde que comenzó la invasión, además de 19,000 heridos), que si no se halla una pronta “solución”, Irak corre el riesgo de desaparecer como nación y ser sustituido por estructuras territoriales étnicas que serían más difíciles de controlar para los intereses estadounidenses (su petróleo, sobre todo) que lo que ahora tan endeblemente existe. Erróneamente se creyó que muerto Abu Musab Zarq, supuesto líder de Al Qaeda en ese país, terminaría con los atentados terroristas, pero éstos han seguido digamos que al mismo ritmo: Por eso, como dije, por esa inaplazable “urgencia” de arreglar el polvorín humano en que Irak se ha convertido después de la invasión, quizá sea que los halcones del Pentágono finquen todas sus esperanzas en “Arabialandia”.
Bueno y todo lo descrito se supervisa por el así llamado Centro Operativo Conjunto (Joint Operating Center, JOC), conocido como la Caja, pues se trata de un edificio sin ventanas, en los mismos terrenos propiedad de Fort Polk, en donde 24 horas al día, todo el año, un total de 200 empleados militares vigilan que el teatro bélico se lleve acorde con lo estipulado, es decir, que los árabes simulados planeen muy bien sus “ataques terroristas” y los soldados que se están entrenando respondan adecuadamente a las amenazas que se les pongan enfrente. Y para tener una aproximada idea de que las condiciones enfrentadas sean las que verdaderamente los soldados van a encontrarse en Irak, sobre todo, la mencionada empresa Cubic “monitorea” todo el tiempo qué está sucediendo en ese desgarrado país, o sea, cuál es el curso de la violencia allá. ¡Vaya, en lugar de que los EU destinaran dinero para analizar cómo mitigar la violencia, simplemente, de cínica manera, la mencionada empresa, únicamente se limita a revisar los diarios atentados que hay, el número de muertos y heridos que dejan, en qué sitios se producen más diariamente, de qué tipo fueron... y así, para que “Arabialandia” se asemeje lo mejor posible al verdadero infierno que es actualmente Irak. Y una vez que se cuenta con la información más apegada a la violencia existente, los empleados de Cubic (esto sí me parece deleznable) simulan las dramáticas, terribles consecuencias que dejan los atentados, incluso maquillando grotescamente a viejos veteranos de la guerra de Vietnam, a los que les faltan brazos o piernas, para darle más realismo al entrenamiento. Muy seguramente ese nivel de exageración, más que por un efecto humanitario, debe de llevarse a cabo para medir qué tantas agallas han de tener los futuros soldados, enfrentados a situaciones tan extremas, en donde, ante todo, la disciplina militar es lo que seguirá contando, no su compasión o sensibilidad ante la tragedia. De otra manera, no podría explicarse por qué sus jefes militares requieran de tanto morboso realismo al maquillar horriblemente a gente sin miembros, y “destruir” casas y edificios con auténticas detonaciones de autos-bomba, realizadas por expertos en efectos especiales (imaginemos, pues, que se está filmando una bélica película todos los días en ese sitio). A fin de cuentas ese “jueguito” tiene que ver con no dejarse matar, que es la principal instrucción a los soldados entrenándose. “Ustedes sólo figúrense cómo llegar del punto A, al punto B, sin que los maten”, es el mandato en general... y ello, claro, recurriendo a todos los medios a su alcance, uno de los cuales es asesinar sin miramientos a quien se les cruce en su camino (como “soldados profesionales” han en lugares como Basora, por ejemplo, de sacar de sus casas a civiles inocentes para golpearlos y asesinarlos). En fin, que en ese parque bélico, a mayor realismo, mayor acción. Y habrá que pensar también en si los auténticos árabes que son contratados, por actuar tan realistamente, no desarrollen una actitud auténticamente hostil hacia el “enemigo” o quizás sean espías, haciéndose pasar como actores, que después puedan revelar a sus contrapartes el tipo de tácticas empleadas por los soldados estadounidenses para combatir a los insurgentes.
Y, claro, no todo es tan perfecto, pues la cuestión de que los soldados entren en contacto con la población, es algo que, allí sí, no se ha logrado, pues mientras en el parque bélico la relación de supuestos insurgentes a la población es de 1 a 5, en Irak es de 1 a 10,000, más o menos, así que si los soldados que entrenan se van considerando que un quinto de los pobladores son insurgentes, como aprenden en Arabialandia, bueno, quizá por eso desarrollen siempre la brutal relación de disparar por parejo a todo mundo allá, pues mejor prevenir que lamentar.
De todos modos, ahora que los israelitas están matando a diario libaneses y destruyendo su país (más de 1100 muertos y más de $2200 millones de euros en daños hasta ahora. Es posible que los frustrados ataques que Scotland Yard descubrió por estos días, los cuales intentaron operarse en aviones saliendo y llegando al aeropuerto londinense de Heathrow, Inglaterra, que iban a perpetrar supuestos miembros de Al Qaeda, sean una reacción a la injustificada, criminal violencia judía en contra de los libaneses), con tanta saña y eficacia, como siempre lo han hecho con los palestinos, probablemente ellos puedan entrenar mejor a los soldados estadounidenses que los parques bélicos, en eso de combatir y matar árabes.
*Profesor de la UNAM, México. Contacto: studillac@hotmail.com